viernes, octubre 04, 2013

Los Conciertos de mi Vida

Hace unos días atrás, meditaba en la convergencia de monstruos sonoros que se dieron cita en nuestro país en la que algunos llamaron “Semana de la Oscuridad”, entre el 30 de septiembre y el 04 de octubre del presente año. No había bolsillo que diera abasto para disfrutar de las eximias y potentes presentaciones en su totalidad, pero aun así unos pocos iluminados pudieron vivir para contarlo, ostentando la nada despreciable cifra de 6 bandas, cuál de todas más significativa entre los que militamos en las brigadas del Rock y el Metal. Alice in Chains, la mas suave de todas, abría la semana para dar paso nada menos que a Iron Maiden, Slayer, Ghost, Megadeth y los inmortales Black Sabbath, que cerrarían con broche de oro una de las semanas más estruendosas (si no la mayor) del año.

Reprimido por las finanzas, y sabiéndome monetariamente capaz de asistir sólo a una de las tres, opté por lo emotivo y me dejé llevar por las vivencias de mi niñez, escogiendo a la banda que más me marcó (de toda la presente parrilla) en mis primeros pasos por la Senda del Rock. Me gané un montón de epítetos y burlas, pero lo cierto es que, si bien en una banda como Alice perdemos terreno en intensidad y potencia respecto del resto de los monstruos que acabo de enumerar, en mi corazón ocupan un lugar bastante más íntimo, profundo y melancólico. Así que hice oídos sordos a los ladridos, como Sancho, y compré lleno de convicción mi entrada para la primera y única fecha mainstream que tendría la oportunidad de disfrutar en dicha semana; por cierto, no me equivoqué en mi elección.
En relación a ello, y un poco para mitigar la pica de perderme  a Dickinson, Ozzy y compañía, luego de salir del concierto de Alice, empecé a recapitular respecto de las distintas oportunidades en que mis oídos han tenido la chance de deleitarse ante el estruendo sonoro de un buen riff de exportación. Fue así como surgió en mi sesera la idea de hacer un recorrido escrito por dichas experiencias. Lo comparto a fin de que el lector se busque en sus líneas y, si corresponde, se reconozca e identifique, en el caso de que haya compartido alguna de dichas fechas (sin que lo supiéramos usted y yo) o de que haya vivido alguna experiencia similar.

Pearl Jam (San Carlos de Apoquindo, 2005)
El primero de los primeros. Corría el año ya mencionado y junto a mi colega de armas, amigo y hermano, Janito, nos lanzamos a la aventura de meternos a la capitale como dos perfectos sureños desorientados, pero nada nos ganaría ni desalentaría en la empresa de presenciar la primera vez en que una de nuestras bandas de cabecera pisara suelo chileno. Fue, hasta ese momento, una de las experiencias más hermosas e intensas de que hubiese tenido memoria. Un concierto potente y a la vez cargado de emotividad e intimidad, en el que grité, salté, reí, lloré, canté a grito pelado todos y cada uno de los temas y, por supuesto, pifié cuando la banda se escondió por tercera vez tras bambalinas para no volver a salir. Aún recuerdo la cálida y tenue luz azulada que envolvió al escenario, acompañada de los primeros acordes de “Release”, tema con que abrieron tan magnánimo show, borrando en dos segundos el recuerdo de los teloneros, unos desconocidos Mudhoney, y estallando sonoramente al son de clásicos como Even flow, Alive, Jeremy, Go, Hail Hail, Betterman, Corduroy, I am mine y el recurrente Yellow Ledbetter, tema escogido para cerrar la primera de dos históricas noches. Eddie hizo gala de una empatía y cercanía cultural increíble, al decirnos que éramos un público “bacán” y referirse en reiteradas oportunidades a nosotros en español. Una jornada digna de ser mi primera experiencia. Mención honrosa para la espera del bus a Conce en el terminal desde las 01:30 hasta las 06:00 AM.

Alesana (Teatro Novedades, 2006)
Un paréntesis por demás extraño, pero que vale la pena mencionar. Aclamada banda de Screamo y Post Hardcore que acudí dubitativo a presenciar, movido más que nada por acompañar a mi hermana, para quien en ese momento se constituía como una de sus bandas esenciales. Fuera de lo ajeno que me sentía entre puros niñitos que promediaban los 15, y de comerme un par de patadas en la nuca por proteger a mi hermana del mosh, fue una entretenida y pintoresca experiencia, si se quiere; la instancia me sirvió además para conocer a los compatriotas de Rosewell, poderosa banda que se perfilaba ya como una de las buenas precursoras del género en nuestro país. Mención honrosa para mi hermana, quien agarró la uñeta de Adam, uno de los 3 (sí, estimado lector, 3) guitarristas de la banda (quien, por cierto, ya no participa en ella); esto se establecería como precedente para posteriores experiencias de las que hablaré en su momento. Mención honrosa también para el polerón de The Used que me encontré misteriosamente en el suelo del teatro, y que perdí la misma noche, tan misteriosamente como llegó.

Metallica (Club Hípico, 2010)
La mayor de todas. Innegablemente, esta fue una experiencia que me marcó hasta los tuétanos. Para quienes me conocen, no es un misterio que Metallica es la banda de mi vida. Verlos en vivo fue un portento sin igual, con un sonido pulcro y a la vez ensordecedor, que hacía, por un lado, asombrarse del despliegue técnico y, por otro lado, sentir un poco de pena por nuestros coterráneos Criminal, encargados de abrir el show, con quienes inescrutablemente se cometió una crueldad al tirarlos al escenario a la buena de Mefistófeles con un sonido tan mediocre. Lástima, porque se notaba que estaban haciendo una buena pega, pero no fue posible apreciarla en absoluto por las deficiencias técnicas del audio. Pero en fin, refiriéndome a lo central de este apartado, el encontrarme de lleno con mis máximos referentes y mentores sonoros (Metallica fue lo primero que alguna vez escuché en términos de rock), supuso una experiencia que me impactó en todos los sentidos. Nuevamente junto a mi hermana, vivimos a concho uno de los conciertos más sublimes y estruendosos jamás vistos. Un Hethfield maduro y sencillo saludaba con cariño al público chileno en su tercera ocasión (la primera para mí), pero sin posponer su solidez e impecabilidad a la hora de entonar sus letras guerreras y contestatarias, aunque extrañamente positivas, a la par de unos riffs que partían la Explorer. Un setlist memorable (que luego vi replicado con calco vía streaming en Rock in Rio y Sonisphere del mismo año) para una noche imborrable, cuidadosamente escogido para dejar contentos a los headbangers más puristas (considérese que Creeping Death fue la elegida para abrir el show), cargado de temas clásicos de los tres primeros álbumes, pero sin dejar de lado sus éxitos más recientes, y dándose el debido y necesario espacio para promocionar Death Magnetic, su más reciente trabajo a dicha fecha. Mención honrosa para las columnas de fuego y las pantallas de 11 metros en el escenario, y para la patada en las gónadas que me gané al intentar entrar a un mosh durante Seek and Destroy (el último mosh de que fui parte hasta la fecha).

Maquinaria 2011 (Parque O’Higgins)
Si bien no supera a Metallica (por mucho), se acerca bastante en los aspectos de calidad técnica y precedencia emotiva asociada al LineUp. Me apersoné solitario en el magno evento, lo cual no me desanimó en absoluto; es más, supuso una suerte de catarsis sonora y limpieza mental, que me llevó a un escenario íntimo y renovador en varias de las canciones que tuve el placer de paladear, por lo demás necesario en términos de la etapa que vivía (pero esa es otra historia). Mi evidente desprecio por el resto de los integrantes de la parrilla (llegué solo a ver a los 4 headliners como a las 17:00 h.) fue mitigado en parte por el pellizco que alcancé a ojear de la presentación de Down, proyecto post-Pantera de Phillip Anselmo. El compipa no canta ya nada, pero igual se ganó mi respeto por su entusiasmo y energía en escena. Luego de ello, vino el tan ansiado ingreso al stage Claro de una de las bandas más esperadas de la tarde por mí, Alice in Chains. En un show breve pero intenso, tuve la oportunidad de ver en vivo (respaldados impecablemente por una muralla sonora de alta calidad) a una de las bandas que me curtieron de niño en materia de influencia en composición y ejecución, en su primer paso por un escenario chileno. Fue inevitable sollozar por el recuerdo de Layne, a quien ya nunca podríamos ver, pero aun así se acogió con entusiasmo a DuVall en la complicada tarea de llenar su vacío. El pseudo-Kravitz hizo una buena pega, criticable por una calidad vocal buena, pero no excelente, y por una tendencia natural a emular en su ejecución a los inigualables e inimitables sonidos de Layne. Momentos cálidos del gig fueron la entrada en escena de Duff McKeagan, invitado a tocar la guitarra en “Rooster”, y la emotiva “Nutshell”, con un Cantrell melancólico y a la vez atronadoramente demoledor en la guitarra. Gratamente sorprendidos por la efusividad y el cariño del público chileno, prometieron volver pronto (promesa que acaban de cumplir). Luego de ello, los dulces acordes acústicos de un gigante del grunge me hicieron descansar: Chris Cornell se adueñaba del escenario, sin más respaldo que una guitarra, desplomándolos a todos con una performance íntima y sublime, pero a la vez enérgica y sólida, como sólo él sabe hacerlo. Sus notas dieron posterior paso a los archiconocidos Faith No More, que se dieron el lujo de invitar a escena a dos de sus tres guitarristas históricos para un setlist centrado en el álbum “King for a Day” completo (sí señor, los muy condenados lo tocaron completo), hacerse acompañar de un cuarteto de bronces para “Star A. D.”,  y de cerrar una impecable presentación con un coro en vivo de 20 personas para una impagable interpretación de “Just a Man”. Patton hizo de las suyas con su característico histrionismo multicultural y cosmopolita (que lo convierten en uno de los frontmen más simpáticos y queridos por la gallada), con un virtuosismo y versatilidad vocal esperables, pero no por eso menos impresionantes. El punto álgido de la noche llegó de la mano de Megadeth, eternos rivales de mis amados Metallica, pero no por ello menos dignos de mi respeto. Encargado de cerrar la noche, Mustaine llevó a cabo una pulcra presentación digna de su talento, enarbolando los clásicos de todos los tiempos que cuenta en su baúl, difíciles de replicar en una sola formación para una banda por la que han pasado casi 20 músicos. Menciones honrosas para los momentos jocosos de la tarde: el jugo de Anselmo al burlarse graciosa y simpáticamente de “Would” antes de Alice, los gallos de DuVall en “Man in The Box”, las tallas chileno-mexicanas de Patton, la pifia de Broderick en la frase acústica-española de “Holy Wars” (quien por lo demás, a mi juicio, no le llega ni a los talones a Friedman), y el abucheo generalizado a Mustaine cuando se refirió a su previo paso por Argentina en mitad del show.

Lollapalooza 2013 (Parque O’Higgins)
Este fue un show en el que me puedo extender, no sólo por lo que contempló en términos musicales, sino por su significancia afectiva y emotiva; me refiero a la insondablemente bella compañía de mi hermosa Hija, que concurrió conmigo al evento, aún en la guatita de su mamá. Ya lo anterior lo hace digno de ser memorable; ahora sume usted a la ecuación, estimado lector, la presencia de un desfile de colosos del Rock, y tendrá como resultado una experiencia aún más notable. Partiremos con Queens of The Stone Age, quienes ya se encontraban sonando a nuestra llegada al recinto, y que me sorprendieron gratamente al invitar inopinada e inesperadamente al escenario nada menos que a Eddie Vedder, para que les acompañara en voz y cencerro en la interpretación de “Little Sister”. Posterior a ello, nos encaminamos al stage Claro para tratar de tener buena ubicación en el plato fuerte de la noche, Pearl Jam. En mi segunda vez oyéndolos en vivo, me perdí deliciosamente en un setlist que me hizo recordar lo vivido el 2005, a la par de impagables momentos que marcaron el show, como la “bendición de luz” que Eddie nos dio con su guitarra iridiscente, la celebración on-stage del cumpleaños de McCready (quien terminó cubierto de torta hasta el final del show), la subida del gordito del público a tocar un tema con la banda, y las alabanzas de Eddie hacia nuestros mostos, declarando en su español nacional más sincero que “el vino chileno es más rico que la shusha”. Un primer día corto, pero intenso y vivaz, antesala de lo que sería la segunda jornada. Mención honrosa para mi hermana, que agarró el pandero de Josh Homme, también invitado recíprocamente a escena por Eddie (en la segunda experiencia de ese tipo para mi hermana, que ya está juntando artículos para su propio museo del Rock en su casa). Partimos más temprano al parque el día siguiente, con la idea de aprovechar mejor la parte familiar del evento; así, tuvimos la oportunidad de escuchar de entrada a unos consagrados Keane, cuyo sello distintivo fue el impecable apego de su sonido en vivo a los trabajos de estudio. La tarde dio paso a Tomahawk, a quienes seguí sólo por la presencia de Patton y no llenaron mis expectativas, pero igualmente disfruté de su presentación. Posteriormente, los bacilones Franz Ferdinand hicieron bailar a la Gallada, que coreaba masivamente sus pegajosas letras (mención honrosa para sus guitarras evidentemente desafinadas, que más de una sonrisa me sacaron). Fue en ese momento (en el que lamentablemente mi hija partía a acompañar a su mami a ver a Kali Mutsa) que mis sentidos se abrieron a una de mis experiencias sonoras más psicodélicas y complejas: salía a escena A Perfect Circle, concretando una instancia casi idílica que nadie esperaba hasta hace unos años atrás en Chile, cumpliendo un anhelo de miles de fanáticos que se dieron cita para oír la mística voz de Maynard y las enigmáticas composiciones de Howerdell. Abriendo con una melodizada “Annihillation”, prosiguieron con “Imagine”, mermada por un imperdonable error de sonido de sala, en que el audio se cortó por los 10 primeros segundos de la canción; pero la inmaculada ejecución de la banda hizo que olvidáramos el impase casi inmediatamente. En un recorrido por las principales composiciones de la banda (destaca la industrializada versión de “3 libras”) y algunos covers inmortalizados en su tercer disco, Maynard, Howerdell y sus aliados ofrecieron una experiencia sonora que ya quisiéramos vivir nuevamente, hasta la culminación del show con “The Outsider”, corte escogido para cerrar magníficamente un show que jamás será olvidado por el mar de headbangers a quienes Maynard dejó con el grito en la boca, clamando a rabiar por una “Judith” que nunca llegó, dejando en claro, como bien dijo alguien por ahí, que las cosas se hacen como él las concibe y no como la masa quiere. Mención honrosa para un luminoso DeadMau5 que nos acompañó en la salida del recinto con un potente remix de “Killing in the Name”, y para el masivo éxodo de asistentes que abandonaban el lugar cuando aún no llegaba ni a la mitad la presentación de unos patéticos Black Keys.

Alice in Chains (2013, Movistar Arena)
La Manzana de la Discordia. Como ya adelanté al inicio del post, mi asistencia a dicho show no estuvo exenta de una introspectiva polémica y algunas bromas de mis más cercanos. Pero como ya lo indiqué, no me arrepiento; creo que mi elección fue certera, como si se tratara del reencuentro con un viejo amigo; me di cita con otros 20.000 extraviados en el recinto, casi dos horas antes del inicio. Los cabros salieron a escena quitados de bulla, sin inmutarse por los reclamos del público por su evidente atraso, sabiendo de antemano que se calmarían las ansias apenas sonara el primer riff de “Them Bones”, corte escogido para abrir el show. Un gig potente, pero corto, en el que (para mi fortuna y la de muchos que íbamos por los clásicos) se dio moderado espacio a los desconocidos temas de su último trabajo, con un énfasis en el playlist de todos los tiempos. Fue gratificante volver a oir los temas que conocía de memoria, de la mano de un Cantrell más maduro pero igualmente sólido, para quien la melena ya había caído, y de un DuVall notablemente mejorado en su calidad vocal, interpretando los temas en su propio estilo sin intentar el absurdo imposible de emular a Layne. En suma, una noche redonda como el recinto. Mención honrosa para el jugoso que los guardias sacaron a patadas de platea baja, media hora antes de que siquiera hubiese empezado el show.

Metallica By Request (2014, Estadio Monumental)
Segunda ocasión para mí, cuarta para ellos. Este show prometía desde meses ser memorable para los fans más acérrimos, y pagó ostensiblemente su deuda. Mis amados embajadores del metal y el rock descargaron toda la artillería disponible en un ambiente distendido y de complicidad plena con el público, casi familiar. La estratagema comercial (de la que los chicos se sirven muy bien desde 1991, no taparemos el sol con un dedo), en este caso, correspondía a escoger el setlist por votación on-line, además de un "Vote of the day" vía SMS que cerraría cómputo durante el mismo show. En dicho resultado se notó el equilibrio entre los más puristas seguidores y los posers radiales que sólo conocen Whiskey in the Jar (que, por cierto, quedó fuera del show a pesar de ser una de las favoritas de Hetfield para ser tocada esa noche); en suma, un setlist de todos los tiempos y para todos los públicos. Rupturistamente teloneados por la Orquesta de Instrumentos Reciclados de Cateura (Paraguay), quienes para ganarse al público incluyeron un cover de Nothing Else Matters en su presentación, abrieron su show con un humorístico video presentando el concepto de By Request (a mi juicio innecesario, todos cachaban lo que estaba pasando). Luego de Ecstasy of Gold -ya tradicional para el kick-off de sus conciertos-, el show partió sin anestesia con una poderosa Battery, de la mano de Lars haciendo lo propio con un impecable doble bombo que, al parecer, le quitó todo el aire y las energías para el resto del bolo. El tandeo siguió por artificio de clásicos que dejaban ver la mano de los entendidos en la votación, como Blackened, And Justice for All, Ride the Lightning y el lirismo instrumental de Orion, tocada en vivo en nuestro terruño por primera vez, y permitiendo que Trujillo luciera al máximo su talento. La instancia fue propicia también para que los cabros mostraran su nuevo material, tímido esbozo de lo que podria ser su nuevo disco, con Lords of Summer, corte de nueve minutos de duración que, en lo particular, me suena como un refrito pataleando por no morirse, y se me hace un poco tedioso (sacándole unos 3 o 4 minutos quedaría mucho mejor). Momentos divertidos de la noche tuvieron lugar alrededor de las pifias de ejecución de Lars (más evidentes) y de Kirk (menos frecuentes y notorias), amén de un Hetfield que agarraba para el leseo más puro a los asistentes invitados a subir al escenario para presentar algunas de las canciones del setlist. La noche concluyó pateando las clásicas pelotas negras inflables con un certero Seek And Destroy, precedido de la ganadora del "Vote of the Day", la demoledora Whiplash. Una noche redonda, un concierto memorable, que no empañó la emotividad de mi primera vez con ellos, pero si superó marcadamente la envergadura del setlist. Aun así, eché de menos alguno del Death Magnetic o, por qué no decirlo, incluso del St. Anger (su peor trabajo de todos los tiempos, lo que, paradojalmente, le da un halo de culto al disco). Menciones honrosas para la noche: los colados que se pasaron de Cancha General a VIP, retrasando así el inicio del show casi por media hora (debido a los patéticos intentos de Seguridad por contener la situación); las bengalas arrojadas desde el público, haciendo caso omiso de cualquier lineamiento de prevención de riesgos; y los ruegos de Hetfield hacia el público para que votaran por Whiskey in the Jar (canción que él quería tocar, y que fue derrotada por Whiplash casi por paliza).
 
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Quisiera aclarar que no he mencionado las innumerables oportunidades en las que he tenido el privilegio de presenciar a los baluartes de nuestro rock nacional (Los Tres, Petinellis, Los Jaivas, Sinergia, Chancho en Piedra, Machuca, Los Mox, Inti Illimani, Congreso), por tres sencillas razones: dichos shows se escriben en un contexto diferente por ser compatriotas, han sido en su mayoría de carácter más íntimo, y la cantidad de fechas requeriría un espacio aún mas extenso para su desarrollo. Pero espero tener el momento y la instancia propicios para pronto elaborar un texto a este respecto.

Menciones honrosas globales se las llevan: Creed en el Teatro Caupolicán, fecha a la que no pude asistir por pega y en la que más encima Jano agarró la púa de Tremonti (razón por la que lo odié por semanas), y P.O.D., fecha que nunca se concretó debido a que fue mezquinamente cancelada por la banda, cuando ya había comprado las entradas para mi hermana y para mí.

Larga vida al Rock!! \m/