Algo Distinto
Quizás a diario te digo que te
quiero, y lo más probable es que ya conozcas de memoria cómo suenan las
palabras en mi boca. Es por eso que hoy quiero decirte algo distinto, o tal vez
lo mismo, pero con una portada diferente. Hoy quiero contarte de mis noches sin
ti, en las que me duermo gustando tus besos y añorando el olor de tu piel, y
aún después de dormido continúas ocupando mi mente, con deliciosos sueños que
me hablan de tu abrazo, de tu mirada, tu risa de niña… Hoy quiero contarte de
mis interminables tardes verborreicas, en las que ocupas la totalidad de mis
temas, en las que hastío aun al más paciente, contándole que tengo por novia a
la mujer más increíble que hayan visto ojos humanos o felinos. Quiero hablarte
de mis listas de reproducción, que me hacen escuchar con deleite canciones
melosas que serían aborrecidas por cualquier metalero standard, pero que me han
calado hondo como nunca imaginé (y siempre renegué) que podría ocurrirme, pues
cual espejo roto me he encontrado a mi mismo en sus líricas, hablándole al
mundo de lo que me haces sentir. Hoy quiero contarte de mis espacios de
soledad, en los que inevitablemente visitan mi mente los recuerdos de nuestras
tardes de octubre, una de las más bellas e intensas primaveras de que tenga
memoria.
Hoy quiero hablarte de lo que veo en
tus ojos, de tu ternura inherente y singular, que me hace querer cubrirte de
besos aun cuando frunces el ceño; de tu sencillez, del sonido de tu voz a ratos
calmo y a veces juguetón, pero siempre dulce y cálido, de un modo capaz de
desarmar a Nerón. Hoy quiero hablarte de tu fuerza y valentía, que me hicieron
admirarte aun más cuando te vi enfrentarte con denuedo a lo desconocido, sólo
por el amor que crecía en tu interior, en una senda de la que muchos hubiesen
huido. Hoy quiero hablarte de tu belleza, de la luz de tus ojos y el candor de
tu faz, que no son un portento menor, aunque lo que significas para mí va mucho
más allá de lo que ves al mirarte en un espejo.
En suma, hoy quiero hablarte de lo
que eres para mí, de cómo has llenado mi corazón y mi vida, como no imaginé que
alguien podría llenarme de aquí en adelante. Hoy quiero hablarte del regalo de
tu amor tierno y fecundo, que me hizo experimentar de forma breve pero poderosa
el sentir más grande reservado a un hombre, y sembró en mí el anhelo de
compartirlo una vez más contigo, y sólo
contigo. Hoy quiero hablarte de los trozos de mis sueños rotos que hasta hace
poco permanecían esparcidos a mis pies, y que hoy he vuelto a recoger porque
hay quien me ha devuelto la voluntad de creer en el amor. Hoy quiero hablarte
de lo pleno que soy cuando estás a mi lado, de mis ganas de regalarte todo
cuanto existe, de mis deseos de llenarte de besos y caricias, de lo puro y simple de mis sentimientos, de
la quietud deleitante de nuestro silencio, de lo exquisito de oír tu
respiración en mi pecho, de mis manos en tus mejillas, del tibio abrazo del
reencuentro los sábados en la madrugada,
de las dietas imaginarias que nunca comienzan, de las apetitosas galletas
en forma de corazón, de las películas narcolépticas y somnolientas, de un
cuento que narra el amor entre un conejito y un delfín, de los paseos de la
mano bajo el sol de la tarde, de los autos que no quieren bañarse y huyen hacia
la casa de enfrente, de las historias gatunas sugerentes y a la vez
incomprensibles, de una botella de vodka a punto de acabarse, de las noches
agresivas al volante, de la pérdida completa de la propia dignidad al empujar
una puerta que se tira, de las tertulias rockeras en antros rústicos ruidosos y
rebosantes de cerveza, de los chistes sin sentido y las risas despreocupadas,
de lo delicioso de unir mis labios a los tuyos.
…Sí, hoy no diré que te quiero, pues
lo sabes de sobra. Hoy quiero decirte algo distinto.