Derecho a réplica
¿Ha sido alguna vez el lector tomado por malo de la película, sin razón aparente? Hace un tiempo situaciones como esa ameritaban para mí un acto de contrición inmediato, acompañado de un profundo examen de conciencia. Era muy importante para mí saber qué habia agraviado de mi persona al otro, para corregirlo y disculparme. Seré mejor persona, me decía a mí mismo. Pero en ciertas ocasiones, por más que busqué una razón de agravio, no la encontré ni debajo de la alfombra. En tal situación, lo primero que venía a mi mente era el indicio evidente de que mi capacidad de autocrítica estaba por el suelo, y que debía hacer lo posible por mejorarla, para vislumbrar lo antes posible los "errores que había cometido" que hubieran dañado a mi prójimo.
La conclusión a la que llegué con el tiempo es que en algunos casos, efectivamente hacemos daño, ya sea a voluntad o inconscientemente, y es necesario restituir y asumir la responsabilidad; pero existen otras instancias en las que somos, por ejemplo, inocentemente malinterpretados, y quien nos increpa desde su dolor no es capaz de darse cuenta de que no ha sido nuestra culpa o, incluso, que no tenemos ni la más mínima responsabilidad ni vinculación en el problema que les atañe. Peor aún, en algunos casos se nos sitúa en contextos inadecuados, o hasta se nos llegan a colgar responsabilidades que nunca adquirimos, es más, que nunca quisimos siquiera adquirir. Y pasamos inexorablemente a ser los villanos de turno, culpables del dolor ajeno y merecedores de las penas del infierno.
¿Qué podemos hacer en esos casos? Nada, por cierto, Es algo que no está en nuestras manos, y no depende de nosotros. Hay una frase recurrente por ahí que dice que la culpa es un juego de azar; si es así, creo tener más mala suerte en el juego que muchos a quienes conozco. Lo positivo de esto es que mi conciencia está tranquila, porque no recibiré más carga de la que puedo llevar; no, por lo menos, de Aquel que realmente me conoce.
Esa noche me jugué
todo lo que conseguí.
El amor que tanto amé,
como aposté, lo perdí.
"No es mi noche", medité,
y la esperanza se va.
Casi pierdo la razón,
cuando me dicen:
Corazón,
no es cuestión de suerte.
No, no
La verdad
no es cuestión de suerte.
Rescate - No es cuestión de suerte
La conclusión a la que llegué con el tiempo es que en algunos casos, efectivamente hacemos daño, ya sea a voluntad o inconscientemente, y es necesario restituir y asumir la responsabilidad; pero existen otras instancias en las que somos, por ejemplo, inocentemente malinterpretados, y quien nos increpa desde su dolor no es capaz de darse cuenta de que no ha sido nuestra culpa o, incluso, que no tenemos ni la más mínima responsabilidad ni vinculación en el problema que les atañe. Peor aún, en algunos casos se nos sitúa en contextos inadecuados, o hasta se nos llegan a colgar responsabilidades que nunca adquirimos, es más, que nunca quisimos siquiera adquirir. Y pasamos inexorablemente a ser los villanos de turno, culpables del dolor ajeno y merecedores de las penas del infierno.
¿Qué podemos hacer en esos casos? Nada, por cierto, Es algo que no está en nuestras manos, y no depende de nosotros. Hay una frase recurrente por ahí que dice que la culpa es un juego de azar; si es así, creo tener más mala suerte en el juego que muchos a quienes conozco. Lo positivo de esto es que mi conciencia está tranquila, porque no recibiré más carga de la que puedo llevar; no, por lo menos, de Aquel que realmente me conoce.
Esa noche me jugué
todo lo que conseguí.
El amor que tanto amé,
como aposté, lo perdí.
"No es mi noche", medité,
y la esperanza se va.
Casi pierdo la razón,
cuando me dicen:
Corazón,
no es cuestión de suerte.
No, no
La verdad
no es cuestión de suerte.
Rescate - No es cuestión de suerte