domingo, julio 23, 2006

Derecho a réplica

¿Ha sido alguna vez el lector tomado por malo de la película, sin razón aparente? Hace un tiempo situaciones como esa ameritaban para mí un acto de contrición inmediato, acompañado de un profundo examen de conciencia. Era muy importante para mí saber qué habia agraviado de mi persona al otro, para corregirlo y disculparme. Seré mejor persona, me decía a mí mismo. Pero en ciertas ocasiones, por más que busqué una razón de agravio, no la encontré ni debajo de la alfombra. En tal situación, lo primero que venía a mi mente era el indicio evidente de que mi capacidad de autocrítica estaba por el suelo, y que debía hacer lo posible por mejorarla, para vislumbrar lo antes posible los "errores que había cometido" que hubieran dañado a mi prójimo.

La conclusión a la que llegué con el tiempo es que en algunos casos, efectivamente hacemos daño, ya sea a voluntad o inconscientemente, y es necesario restituir y asumir la responsabilidad; pero existen otras instancias en las que somos, por ejemplo, inocentemente malinterpretados, y quien nos increpa desde su dolor no es capaz de darse cuenta de que no ha sido nuestra culpa o, incluso, que no tenemos ni la más mínima responsabilidad ni vinculación en el problema que les atañe. Peor aún, en algunos casos se nos sitúa en contextos inadecuados, o hasta se nos llegan a colgar responsabilidades que nunca adquirimos, es más, que nunca quisimos siquiera adquirir. Y pasamos inexorablemente a ser los villanos de turno, culpables del dolor ajeno y merecedores de las penas del infierno.

¿Qué podemos hacer en esos casos? Nada, por cierto, Es algo que no está en nuestras manos, y no depende de nosotros. Hay una frase recurrente por ahí que dice que la culpa es un juego de azar; si es así, creo tener más mala suerte en el juego que muchos a quienes conozco. Lo positivo de esto es que mi conciencia está tranquila, porque no recibiré más carga de la que puedo llevar; no, por lo menos, de Aquel que realmente me conoce.

Esa noche me jugué
todo lo que conseguí.
El amor que tanto amé,
como aposté, lo perdí.
"No es mi noche", medité,
y la esperanza se va.
Casi pierdo la razón,
cuando me dicen:

Corazón,
no es cuestión de suerte.
No, no
La verdad
no es cuestión de suerte.


Rescate - No es cuestión de suerte

viernes, julio 21, 2006

Carpe Diem

Ignoro si alguna vez el lector ha actuado (o debido actuar) de forma que no había previsto, y cuyos resultados son (para bien o para mal) todavía más inesperados. Pensemos, por ejemplo, en la bandita elástica de goma, que con certeza pertenece a la ya mencionada y honorable tradición de lo improvisado; imagino la primera vez que se concibió su uso, quizás sosteniendo con un trozo de resina de caucho seca dos varillas delgadas, para ayudar a un paisano del siglo pasado a pescar y así conseguir el alimento del día. He oído muchas veces la frase "La necesidad aguza el ingenio", pero, a pesar de haber comprobado muchas veces las virtudes de la improvisación, rara vez tiendo a acceder, por propia voluntad o de forma consciente, a dejar las cosas al alero de una tincada o presentimiento.

Aunque no creo en el Zodiaco, debo reconocer que el perfil de mi signo (Tauro) encaja en algunas facetas de mi personalidad, o al menos encajaba hace un tiempo. Por ejemplo, para mí todo debía ser (en el mejor de los casos) muy bien elaborado y meticuloso, de forma que la base del castillo de naipes le proporcionara la estabilidad necesaria para que no se derrumbara al primer soplido. Aún conociendo esta arista de mi psique, me encontraba frecuentemente con contradicciones y dobles discursos en este sentido; por ejemplo, el simple hecho de querer ir en contra de la rutina me contraponía muchas veces con lo agendado en el itinerario. Por otra parte, veo frecuentemente que mis decisiones mejor planeadas no surten el efecto inesperadamente positivo de algunas directrices que fueron fruto de un breve razonamiento.

¿Cuándo empecé a pensar en esto? La verdad, no lo sé con certeza, pero lo cierto es que mi percepción del asunto ha cambiado mucho desde el momento en que todo esto partió. La pregunta del post de hoy es: ¿es realmente necesario planificar el día de hoy, o es mejor simplemente vivirlo? Puede parecer una pregunta absurda y con una respuesta bastante obvia, pero debo reconocer que hace un tiempo mi respuesta hubiera sido muy distinta a la de hoy. Mi afán de perfeccionismo y mi inseguridad frente al resto de los mortales me hacían necesitar (y depender de) un grado mínimo admisible de certeza de que las cosas saldrían bien, o por lo menos, aceptablemente bien. Obviamente, esto derivaba en una "profunda" introspección y un estricto autoanálisis que terminaban siendo tan inútiles como desgastadores; todo esto, producto de ignorar (muy a mi pesar, a conciencia) verdades tan sencillas y elementales como el hecho de que es imposible planearlo todo, o que nada es perfecto. A modo de metáfora, en economía se emplea el concepto de costos de oportunidad, que se refiere al margen de variación de la utilidad percibida por distintas opciones de inversión. Ahora creo vehementemente, de acuerdo a mi experiencia personal, que el costo de oportunidad de vivir la vida es inmensamente mayor al de planearla; en mi caso, prefiero dedicar mi tiempo a disfrutar del diario vivir de forma tranquila y flexible, frente a pasar ese tiempo formulando en forma sesuda y exhaustiva una manera de proceder que, al final del día, no puede ser llevada a la práctica, simplemente por falta de tiempo.

No pretendo incentivar al lector a caer en la despreocupación y el desorden; nada más lejos de la realidad. Todos los ámbitos de nuestra vida requieren reflexión y análisis, pero cuando se aplica en extremo, esa introspección deja de ser un medio y se convierte en un fin en sí mismo (recuerde la frase de la abuelita: "Todos los extremos son malos, m'ijito"). Viene a mi mente una frase bastante coloquial, pero no por eso carente de sentido, que me dijo mi amigo Jano en un momento de relajo: "no la pienses tanto, házla luego no mas". Es increíble lo que este simple principio le causó a mi vida cuando lo apliqué. He aprendido a agradecer y disfrutar de mejor forma cada momento, cada conversación, cada compañía, cada sonrisa.

¿Relación con la música? Poca al parecer, pero algo de eso hay. La ópera prima de Cinco.TreCe (banda a la que pertenezco) lleva por título Hoy, y las palabras en la canción escritas por Guty (vocalista y letrista de la banda) expresan de forma sencilla la idea central del extenso y tedioso tratado que se encuentra usted leyendo en este momento.

Mi vida tiene un Hoy,
Tú preparas el mañana.


La moraleja no la quedaré debiendo, aunque el lector la ha leído ya al inicio de este post. Carpe diem, ¡disfruta el día! ;)

sábado, julio 08, 2006

Think for yourself...

Third Eye es uno de mis temas favoritos de Tool. En sus 13 minutos de duración pasa por todos los matices sonoros imaginables, desde el silencio al estrépito en una fracción de segundo, y otra vez a la calma, para concluir con una marcada agresividad en la última frase que se repite una y otra vez: "Prying open my third eye"... Una de las pocas cosas en las que comulgo con Maynard James Keenan (aunque su música es alucinante) es en su visión de las líneas conductuales humanas; es imposible llevar una vida plena sometido a dogmas sin sentido, o dejando que otros piensen por ti. Mi pregunta ahora es: ¿Cómo debo pensar?

Maynard me impulsa a pensar por mí mismo, y a conseguir una visual panorámica de mi existencia ("Prying open my third eye"), lo que él llama nuestro "tercer ojo". Pero, ¿en qué consiste tal tercer ojo? No sé si existe, ni siquiera sé como ver a través de el... Luego, ¿cómo puedo mantenerlo abierto? ¿Cómo obtengo una visión de tal magnitud? La metáfora de Maynard parece ser poderosa, pero carece de sentido cuando la llevo a un plano racional (en mi marcado afán por racionalizar incluso lo abstracto... jejeje). Debo asumir que Maynard no se refiere a un concepto psicosocial, sino a un elemento místico, que por lo demás no está ausente en el resto de su obra. Me surge entonces una nueva pregunta: ¿cuál es la conceptualización real de este "tercer ojo"?

Aún así, veo qué puedo rescatar del asunto que se pueda aplicar a la vida diaria... en esa búsqueda voy al disco "Salival" de Tool, para escuchar la versión en vivo de Third eye, el tema que da orígen a este post... Y, maravillado, escucho la impresionante invitación de Maynard a oír la canción que, de todas las veces que ha sonado en mi PC, nunca me había parecido tan concreta y auténtica como ahora...

Think for yourself. Question authority. Throughout human history as our species has faced the frightening, terrorizing fact that we do not know who we are or where we are going in this ocean of chance, it has been the authorities, the political, the religious, the educational authorities who attempted to comfort us by giving us order, rules, regulations, informing, forming in our minds their view of reality.
To think for yourself you must question authority and learn how to put yourself in a state of vulnerable, open mindedness, chaotic, confused vulnerability to inform yourself.

Luego de oírla por enésima vez, me detengo en las palabras de Keenan: Question authority. Habiendo mirado sus temáticas con recelo por mucho tiempo, por considerarlas radicalmente confrontacionales y opuestas a mi credo, comienzo a ver la idea de un modo distinto. Keenan no se refiere a cuestionar abierta y sesudamente todo lo que me rodea, en un afán de nihilismo y rebeldía, sino que a poner bajo la lupa lo que se presenta en forma lisonjera, a no internalizar de buenas a primeras todo lo que te venden los medios, el gobierno, la iglesia, tu entorno, etc. Lo que Maynard nos impulsa a hacer es fomentar nuestra capacidad de análisis, poder discernir las intenciones del interlocutor y aprender a leer entre líneas, para conocer el verdadero propósito del discurso que éste nos presenta. Sorprendentemente viene a mi mente una cita bíblica, y encuentro un paralelo con el apóstol Juan, que en su primera carta señala: "No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus a ver si son de Dios".

Por otro lado, ¿por qué es tan fácil caer en las garras de una idea que, de tan diplomáticamente bien expuesta, llega a sonar atractiva aunque no lo sea realmente? ¿Qué es lo que nubla el sentido de quienes no logran pensar por sí mismos, y se someten mansamente a la autoridad sisn siquiera reflexionar ni analizar? Maynard nos entrega la respuesta, que asombra por su simplicidad:

Throughout human history as our species has faced the frightening, terrorizing fact that we do not know who we are or where we are going in this ocean of chance...

Es aquí dode radica el poder: el conocerte a ti mismo, saber quién eres y hacia dónde vas... Suena a cliché existencialista barato, pero es sorprendentemente olvidado por una fracción importante del género humano. Para comprobar esto, basta observar y analizar brevemente el sistema. Y es así; los errores más pequeños son los más destructivos, porque se dejan pasar sin cuidado, y les ponemos atención cuando ya es demasiado tarde o, lo que es peor, ni si quiera nos percatamos de su ocurrencia.

Ahora, pensando en la forma más objetiva posible, Maynard me dice que no debo influenciar mi proceder por los pensamientos de otro... Luego, tampoco Maynar debe (ni puede) decirme cómo pensar!!! (lol) Entro entonces a un círculo vicioso del que me es imposible salir sin hallar un pensamiento auténtico que me guíe y que, por sobre todo, proceda de mí mismo.

Waaaaa... que complicado, rallé pesado la papa esta vez, y todo a raíz de un simple tema musical... jejeje

No tengo idea de qué opina el lector, pero mi único consejo, si se me permite, es no dejar que otros pongan su cabeza sobre nuestros hombros.

Piensa por tí mismo

Think for yourself.